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Buenos Aires, 15 de enero (Por Juan Andrade).- A continuación, la ANC reproduce un fragmento de una entrevista realizada al músico, cantautor, compositor e intérprete de la música popular Argentina “León” Gieco.
–Después de tantos años, ¿qué es lo que te sigue motivando a seguir vinculado a la música?
–Supongo que lo artístico. Amén de las denuncias que puede haber en mis canciones, hacemos un producto artístico. Y eso es lo que me motiva. También el escenario: soy como un actor, lo necesito. Cuando paro dos o tres meses para grabar o porque me voy afuera, extraño estar en el escenario. La sensación que se siente al actuar es única, soy como un mono enjaulado en un lugar.
–Cuando empezás a escribir una nueva letra, ¿cuánto de ese impulso tiene que ver con lo racional y cuánto con la sensibilidad?
–La sensibilidad, toda. Lo racional, también. Todo es racional, sensible y artístico: es mi trabajo. Mi trabajo también es estudiar, estar al día con los nuevos aparatos, la última tecnología, la computación, los últimos grupos que salen y un montón de cosas más. Es una profesión muy amplia, como cualquier otra: si sos médico y seguís estudiando, vas progresando; si no, sos un médico estándar y te quedás ahí.
–Decías que te gusta leer y también ir al cine. ¿Qué cosas de la literatura o de las películas te interesan en particular?
–Lo artístico. Las historias. Los diálogos. Las sensaciones. Me suelo perder cuando entro en un libro: dejo de ser yo y es como un descanso. Lo que más me hace perder es el cine. Si entro a un cine y la película es buena, logro olvidarme de mí. Y eso es como una terapia muy buena, una especie de meditación. El último libro de Benedetti, por ejemplo, que estoy leyendo ahora, me parece maravilloso: es como un viejo sabio que escribe poesías y te acerca a las preguntas que te hiciste toda la vida. ¿Qué es la honestidad? ¿Qué es la amistad? Y en cuanto a películas, la última buena que vi es La próxima estación, de Pino Solanas. Es una denuncia tremenda sobre la historia de los trenes en Argentina. Una historia triste.
–En tu caso, además, los trenes te deben recordar a tu infancia en Cañada Rosquín.
–Claro. En un pueblo chico, un tren que pasa es el acontecimiento del día. Más para mí, que no iba al tren solamente a poner monedas, sino también a trabajar, a vender empanadas, Bidú Colas y revistas. Me llevaba todo un set, armaba una especie de kiosco portátil y vendía mis cosas. Cuando para el tren, la gente está desesperada por consumir algo.
–¿Cuánto de ese oficio de relacionarte con un público para “venderles” algo pudo haberte servido en tu carrera?
–No lo sé, nunca lo pensé. Debe tener una relación fuerte, pero no me detuve en eso. A mí apenas me da para guardar los videos y las cartas que me manda la gente (se ríe). ¡Analizarme a mí mismo ya es demasiado, no tengo tiempo! Pero hay gente que lo hace por mí: recibo mails de algunos fanáticos que sacan una conclusión de por qué hice tal cosa cuando tenía seis años y ahora, que tengo sesenta, hago tal otra.
–¿Y estás de acuerdo con lo que te dicen?
–En algunos casos sí, pero en otros pueden estar equivocados (se ríe).
–¿Pudiste cumplir los sueños que tenías cuando llegaste a Buenos Aires?
–La verdad es que todo superó ampliamente mis expectativas. Cuando llegué a Buenos Aires era para grabar un disco y, al final, grabé cuarenta. Soñaba con grabar un disco, ser un poquito famoso y, con la guita ganada, poner una verdulería o una carnicería. Nací en una familia muy pobre, tuve que trabajar desde los siete años. Y todavía tengo el karma de tener que trabajar. Pero pasaron tantas cosas que al final nunca me compré una verdulería, hace cuarenta años que tengo una profesión, que es cantar y componer canciones. Soy un artista popular, hecho por la gente. Y gracias a mi actividad pude conocer la Argentina y el mundo. Y hasta me doy el lujo de que «Sólo le pido a Dios» sea traducido a todos los idiomas. Y otros lujos como que los chicos del primario canten mis canciones o que me hagan un homenaje como Gieco Querido - Cantando al León. Entonces siento que todo es regalo y que la vida también lo es. Si mañana tengo una enfermedad, no hay problema: me voy a ir agradeciendo todo lo que me pasó. Y eso me hace vivir feliz, contento y agradecido. En cambio, si hubiese sido al revés, estaríamos en problemas: si mis expectativas hubiesen sido venir a Buenos Aires para ser un cantante popular y grabar cincuenta discos y no lo hubiese logrado, estaría frustrado.
–¿Y cuál podría ser un desafío actual?
–Hacer un disco siempre es un gran desafío. O hacer una película como Mundo Alas, llevarla a cuestas durante un año por todos los cines del país y que no se muera como el resto del cine argentino, que tiene un subsidio pero no tiene público. Entonces lo que sucede es que la película se estrena, van los amigos y poca gente y termina muriéndose en algún cine.
(*) Nota publicada por el portal Acción digital (http://www.acciondigital.com.ar/15-01-09/home.html)
Envio ANC
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